(Caracas, 13 de abril de 2026 / Prensa MinComunas).– La historia escrita durante décadas por las élites para invisibilizar a las mayorías, encontró su punto de quiebre definitivo hace 24 años. Los días 11, 12 y 13 de abril de 2002 representan la defensa heróica de la Democracia Participativa y Protagónica y la consolidación de una fuerza indetenible: la unión cívico-militar. En aquellas 47 horas de oscuridad y luz, el Pueblo venezolano no solo rescató a su líder, sino que blindó con su propia vida el proyecto político que había constitucionalizado en 1999, asumiendo desde entonces el rol de arquitecto de su propia libertad.
11 de Abril: El rostro de la traición oligárquica
Todo comenzó con un plan macabro diseñado en los laboratorios de la burguesía. La oligarquía venezolana, en alianza con sectores militares traidores y el latifundio mediático, desvió una movilización opositora hacia el Palacio de Miraflores con el objetivo criminal de provocar una masacre.
El 11 de abril no fue una protesta; fue un crimen contra el Pueblo. Mientras francotiradores disparaban contra la multitud que defendía la Revolución en Puente Llaguno, los medios de comunicación preparaban el terreno para el zarpazo final. El Comandante Hugo Chávez, en un acto de sacrificio para evitar un derramamiento de sangre mayor, fue secuestrado por la cúpula militar traidora. Por unas horas, el silencio y el miedo intentaron instaurarse en la Patria.

12 de Abril: El “Carmonazo” y el silencio de las élites
El 12 de abril, Venezuela despertó bajo una dictadura empresarial. Pedro Carmona Estanga, representante de los intereses más oscuros del capitalismo, se autojuramentó disolviendo de un plumazo todos los poderes públicos: la Asamblea Nacional, el Tribunal Supremo y la Constitución Bolivariana.
Mientras la derecha celebraba en los salones de Miraflores, en los barrios de Caracas y en las guarniciones del país comenzaba a gestarse un murmullo indomable. Los medios privados impusieron un cerco informativo, transmitiendo dibujos animados mientras el Pueblo empezaba a bajar de los barrios con una sola pregunta: ¿Dónde está Chávez? Fue el silencio de los medios lo que encendió la Comunicación Popular.
13 de Abril: El milagro de la unión cívico-militar

El 13 de abril es, quizás, el día más luminoso de nuestra historia contemporánea. Sin redes sociales y bajo una censura total, el Pueblo se convirtió en el medio de comunicación. De boca en boca, de barrio en barrio, la consigna se volvió un trueno: “¡Queremos a Chávez!”.
Fue el protagonismo del Poder Popular, rodeando el Palacio de Miraflores y la Brigada de Paracaidistas en Maracay, lo que quebró la moral de los golpistas. Los soldados, hijos de este mismo Pueblo, se negaron a disparar contra sus hermanos y se sumaron al rescate del hilo constitucional. En ese instante, la Soberanía Popular se hizo carne: el ejército y la gente eran una sola voluntad inquebrantable.

La Proclama de la Dignidad
Desde su cautiverio en la Base Naval de Turiamo, el Comandante Chávez, logró burlar a sus captores y redactar de puño y letra el documento que desmoronó la mentira de la “renuncia”. Ese trozo de papel, rescatado por un cabo valiente, decía:
“Yo, Hugo Chávez Frías, venezolano, presidente de la República Bolivariana de Venezuela, declaro: No he renunciado al poder legítimo que el pueblo venezolano me dio”.

El Retorno de Chávez: “El Pueblo llegó para no irse más”
A las 2:50 AM del 14 de abril, el helicóptero que traía al Comandante aterrizó en el techo de Miraflores. El Pueblo, que no se movió de los alrededores, estalló en un solo grito: “¡Volvió, volvió, volvió!”. Chávez, con el crucifijo en alto, no habló desde el odio, sino desde la grandeza: “Traigo este Cristo, lo traigo en la mano y lo traigo en el alma… Invoquemos a Dios y llenémonos de paz”.
Aquel día, el Comandante dictó una sentencia que hoy es el norte de nuestra gestión: “El pueblo llegó a este Palacio para no irse más”.


El Legado de Abril: Semilla del Estado Comunal
Abril de 2002 fue la confirmación de que el Poder Popular es el único garante de la Revolución. Allí comprendimos que la soberanía no reside en los despachos burocráticos, sino en la calle y en las Organizaciones de base. Chávez volvió porque el Pueblo fue a buscarlo, y el Pueblo fue a buscarlo porque se reconoció como dueño de su destino.
Hoy, la Organización Comunal, las Consultas Populares Nacionales y la Economía Comunal son las hijas directas de aquella victoria heróica. Prohibido olvidar que sólo el Pueblo salva al Pueblo y que, en Venezuela, el poder reside intransferiblemente en las bases organizadas para la construcción de la Patria.


