(Caracas, 21 de julio de 2026 / Prensa Mincomunas).— La tarde del 24 de junio cambió para siempre la vida de Manuel Salas y su esposa Elionor Ramírez cuando un doble sismo destruyó su vivienda en el sector Tanaguarenas, del urbanismo OPP-25 en el estado La Guaira. En medio del colapso de la estructura, Manuel, de 51 años, quien desde hace 15 años tiene movilidad reducida a causa de la amputación de una extremidad inferior y se desplaza en muletas, superó cualquier limitación física con la firme determinación de salvar la vida de su compañera —quien también presenta movilidad reducida y se traslada en silla de ruedas— tras quedar sepultada bajo los escombros de la cocina.
Aquel instante de angustia se transformó en una hazaña de amor y templanza. Manuel escuchó el pedido de auxilio de Elionor entre el polvo y la sangre: “No puedo más, Manolo, me estoy ahogando”. Atrapada en la oscuridad, ella sintió que sus fuerzas se agotaban y se encomendó a la fe: “Bueno, Señor, si es tu voluntad, haz lo que tú quieras conmigo”, recordaría tiempo después.

Sin perder la calma, Manuel recordó que guardaba una mandarria entre sus herramientas. Se trasladó a buscarla y comenzó a romper los bloques para liberar a su esposa. En ese momento, su hijo mayor, Elian, regresó a la casa dispuesto a ayudar en medio del pánico, pero Manuel asumió la coordinación del rescate: “Yo más bien en ese momento era el ente de control. Mi hijo estaba desesperado y quería darle con fuerza a la pared, pero le dije: Calma, la que está ahí es tu mamá. Dale con cuidado porque puedes lastimarla”.
Con paciencia y trabajo coordinado, padre e hijo fueron retirando la estructura dañada. “Cuando terminé de partir la pared cayó el último pedazo y Dios me dio fuerzas para quitar el bloque que le quedaba encima; así fue que ella salió arrastrándose entre las paredes”, relata Manuel sobre el momento en que logró poner a salvo a Elionor.
Tras el rescate y con la silla de ruedas de Elionor destruida por el impacto de las paredes, la familia debió refugiarse en la montaña junto a sus vecinos para soportar la lluvia y las réplicas. En medio de la contingencia, la comunidad organizada de Tanaguarenas activó centros de acopio y coordinó la recepción de la primera ayuda humanitaria brindada por las instituciones.
Un nuevo comienzo en el campamento transitorio

Cinco días después de la emergencia, alrededor de veinte familias afectadas fueron trasladadas al Campamento Transitorio de la U.E.N. Luis Hurtado Higuera, ubicado en El Junquito, Caracas, gracias al abordaje directo del Comunero ministro Ángel Prado, quien se acercó al territorio para proponer el traslado y garantizar insumos y atención integral de forma organizada.
En este espacio de resguardo, Manuel y Elionor, junto a sus tres hijos de 18, 16 y 14 años respectivamente, han encontrado la estabilidad necesaria para reconstruir su rutina familiar. “Quejas de la atención acá no he tenido. Nos han tratado muy bien, cuando necesitamos algo acudimos a los coordinadores y siempre nos ayudan con nuestras necesidades”, afirma Manuel.
A lo largo de sus veinte años de matrimonio, la pareja ha superado las adversidades desde la unidad. Hoy, al ver cómo la comunidad recupera paulatinamente la tranquilidad, sostienen que la Organización Popular ha sido el pilar fundamental para salir adelante.
Para la familia Salas Ramírez, haber sobrevivido a los sismos representa una oportunidad para continuar construyendo el futuro. Su historia demuestra que la serenidad ante la adversidad, el amor incondicional y la solidaridad colectiva son las herramientas más poderosas para proteger la vida en los momentos más difíciles.

